Josefina Bonsundy Nvumba   26 febrero 2019

Standing Lucia Mbomio posing

Esta historia ha sido publicada como parte de la colaboración entre WorldRemit y Rootencial. Rootencial trabaja para la promoción de África, celebrando sus comunidades, entre ellas su diáspora, productos y servicios ofrecidos por estas comunidades.

Josefina Bonsundy-Nvumba, fundadora de Rootencial, habló con Lucía sobre su carrera como periodista, su trayectoria personal como española y ecuatoguineana, y la importancia de los medios de comunicación para derrotar estereotipos y crear una mayor representación cultural.

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Hola Lucia, háblame de ti. ¿Quién eres y a que te dedicas?

Soy Lucía Asué Mbomio Rubio, pero casi siempre firmo a nivel profesional como Lucia Mbomio. Nací en Madrid en 1981, originaria de Guinea Ecuatorial por parte de padre y me siento tanto guineana como española.

Soy periodista, trabajo en televisión en un programa que se llama Aquí la Tierra” de TVE1, el canal público de España, que es cercano a la audencia pero, además de este programa, colaboro en varios medios; por ejemplo, llevo cuatro años y pico con Afrofeminas, que es una revista digital en la que desarrollo bastantes temas de reflexión pero fundamentalmente entrevistas a mujeres negras por dos razones: una, como forma de transformar la mentalidad que las personas blancas tienen sobre la población negra hispanohablante y de España y otra, con el objetivo de generar, recordar y aplaudir referentes dentro de la comunidad negra femenina. Además, colaboro en “Píkara”, que es una revista bastante posicionada en el área del feminismo. También tengo una columna en el diario El País uno de los principales periódicos de España; la sección, ubicada en el rotativo dentro del área local de Madrid, se llama “Barrionalismos” y en ella, hablo de acontecimientos que tienen lugar en el extrarradio.

Escogí llamarla “barrionalismos” por una cuestión de identidad, porque pese a que yo me identifique como guineana y española, a veces es una decisión y a veces es un sentimiento, puesto que en realidad, como dice Gorsy Edú, artista ecuatoguineano multidisciplinar, la identidad está muy relacionada con la filosofía fang: 

“Hay una máscara que utilizamos en la etnia fang, que es la mía, que tiene tres caras que significan que todo ser humano ‘es lo que es’, ‘lo que dicen que es’, y ‘lo que muestra que es’.”

A mí me ocurre un poco eso… No me considero mitad y mitad sino las dos cosas a la vez y otras muchas que no tienen por qué tener que ver con la nacionalidad o la raza.

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Háblanos un poco de tu trayectoria, ¿cómo ha surgido todo eso?

Aprendí a leer muy pronto, porque mi padre, que es maestro, me enseñó antes de que yo comenzara a ir al colegio y siempre me ha encantado, de ahí que, desde muy pequeña, barruntara la posibilidad de escribir en algún medio. Al final, estudié periodismo y la vida me llevó por donde quiso: acabé en la televisión y descubrí que el lenguaje audiovisual es realmente interesante y, sobre todo, rico en cuanto a su capacidad expresiva. Empecé a trabaja a nivel profesional en un medio en 2005, pero antes de ya había sido becaria en una agencia de comunicación nacional y en prensa y en radio local, en el sur de Madrid, que es de donde soy yo. Si nos vamos más atrás en el tiempo, cuando tenía tres o cuatro años, un primo mío guineoecuatoriano, también, que estudiaba en Francia, cuando venía de vacaciones a Madrid, hacía sus prácticas conmigo, me entrevistaba, un poco de broma, pero me parecía apasionante y divertidísimo, y de ahí brota, un poco, el germen de mi deseo de contar historias.

En lo concerniente al tema del activismo antirracista, al principio, yo lo llevaba un poco por separado: por un lado el tema del activismo y por otro, el tema del periodismo, pero llegó un momento en el que me di cuenta de que, precisamente por la imagen que transmiten los medios de comunicación sobre la población africana y afrodescendiente, era necesario empezar a transformar desde donde yo trabajo.

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¿Qué impacto crees que pueden tener los medios de comunicación para cambiar la percepción de lo que se sabe o se habla de África y de lo que significa ser “africano” o “afrodescendiente”?

Ese impacto es fundamental, teniendo en cuenta que en España no hay un BBC África (como existe en el Reino Unido) o un RTP África (como existe en Portugal). Aquí el grueso de las noticias sobre el continente están concentradas o bien en blogs específicos, dentro de grandes publicaciones, o bien en revistas específicas. En ambas, suele haber mimo y cuidado, no obstante, África continua sin aparecer en los medios generalistas y cuando lo hace es de forma muy estigmatizada, primero simplificando África (un continente con más de cinco decenas de países), como si fuera un todo, una sola entidad sin atender a sus diferencias que se resume en guerras, mutilación genital femenina, pobreza, alta mortalidad u homofobia, sin entender ni matizar que existen diferencias enormes en el seno del continente.  

Luego está también la hipersexualización tanto de hombres como de mujeres, aunque a las mujeres nos afecta más.

También se da algo que Red Acoge ha dado en llamar “inmigracionalismo” que, básicamente, es que se insista en revelar la nacionalidad del protagonista de la noticia, especialmente cuando se trata de un hecho delictivo, sin que este sea un dato trascendente para la comprensión de dicha noticia. El problema es que puede condicionar negativamente la percepción de quien la lee o la escucha hacia todas las personas de la comunidad a la que pertenece el protagonista.

Hay otra práctica común y es que casi siempre que nos entrevistan como fuente de información nos hacen cuestiones relativas o sobre migración, en lugar de preguntarnos en capacidad de fuentes de conocimiento que podemos tener una visión especializada sobre infinidad de temas. Rara vez se emite un reportaje sobre nuevas arquitecturas y entrevistan a una arquitecta que no sea blanca, por poner un ejemplo.

Además, acaban por preguntarnos muchas veces por los micro-racismos, lo cual no deja de ser violencia simbólica. La utilización del prefijo ‘micro’ es bastante peligrosa porque acaba por convertir en pequeño algo que no lo es. Es algo en realidad muy grande, lo que ocurre es que no dejan de ser los flecos de un sistema: el racismo al fin y al cabo es institucional.

“Los migrantes atraviesan fronteras toda su vida, las físicas (en el caso de España, vallas con concertinas, que son cuchillas) pero también las que la sociedad les va poniendo en el día a día (como pueden ser las trabas para estar en situación administrativa regular). Fíjate si las fronteras son profundas que, incluso a las y los vástagos de los migrantes, les llaman migrantes de segunda generación y de tercera y de cuarta, aunque hayan nacido ya en el país de destino.

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¿Todo el rato estás en permanente movimiento? No. Sin embargo, el reflejo que se da es ese, de gente que permanentemente está llegando. ¿Mi padre sigue siendo migrante cuando llegó hace 54 años, o ya se le puede considerar vecino?

Más. Nuestro derecho a una representación amable, a veces se limita a la transmisión de una pretendida modernidad. Me explico: si hay un fin concreto, como puede ser querer lograr que las Olimpiadas se celebren en Madrid, sí aparecemos en los vídeos promocionales. A mi modo de ver es una forma flagrante de instrumentalizarnos. El resto de las veces, la migración tiene una carga muy negativa.

Todo lo mencionado proporciona una perspectiva interesante, pero ¿cuál es el peligro o el impacto de que los medios de comunicación usen imágenes negativas sobre ciertas comunidades o normalicen ciertas injusticias, a nivel de la sociedad y a nivel global?

Ya no sé si es peligroso, puesto que lleva tanto tiempo sucediendo… Lo que están haciendo es cimentar estereotipos y prejuicios que ya existían y convertir a África en ese agujero de barbarie, sin matices, sin diferencias… Los hijos del continente y su diaspora, obviamente, heredan toda esa construcción nefanda: sin novedades positivas, sin entorno urbano, sin universidades, sin innovación, sin cultura más que la atávica. Los medios de comunicación continúan consolidando esos estereotipos, no digo que los creen, porque ya están creados desde hace mucho tiempo, pero nos los deshacen sino que los fortalecen.

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Todo lo mencionado proporciona una perspectiva interesante, pero ¿cuál es el peligro o el impacto de que los medios de comunicación usen imágenes negativas sobre ciertas comunidades o normalicen ciertas injusticias, a nivel de la sociedad y a nivel global?

Eso tiene un impacto en la sociedad en general, pero de manera más acusada, en las personas de ascendencia africana. Eso, sin duda, tiene consecuencias en nosotras: Una de ellas es la tremenda desafección nacional, muy poca gente [de población africana/ afrodescendiente] se identifica como española y cuando lo hace es, en muchos casos, como respuesta al rechazo, como una especie de acto de defensa. Para aquellos que acaban declarando que son españoles, pueden llegar a sentir que su nacionalidad es puro producto de la casualidad sin más, sin un orgullo específico ni nada en esa línea.

Por otro lado, esa desafección provoca que en muchos casos te aferres a la patria de tus padres, incluso sin haber ido jamás. En mi caso, por ejemplo, durante mucho tiempo me sentí solo guineana y así me identificaba si me preguntaban.

Se dan, además, otras construcciones de patria, que tienen que ver más con los afectos. Hay personas a las que he entrevistado para mi canal de Youtube “Nadie nos ha dado vela en este entierro” que me ha dicho que sienten que su patria es la afrodescendencia, razón por la cual se sienten en casa en Colombia y también en, por ejemplo, Haití, aunque sus padres sean de la República Democrática del Congo. Hay quien considera que el ‘Hip hop’ es su hogar porque es ahí donde ha conseguido sentirse reconocido. Hay gente que habla de patrias pequeñas, como yo cuando uso el término “barrionalismo”, ya que implica que tengas una percepción de la patria como algo mucho más aprehensible desde un punto de vista territorial y debido a que hace alusión al lugar donde yo tengo mis recuerdos, donde pasé mi infancia.

Esto se contrapone quizá un poco al afropolitanismo, una tendencia interesante, cuya punta de lanza sería Taiye Selasi y que explica que los africanos de la diáspora pertenecemos a muchos sitios: no respondemos a banderas, podemos sentirnos de una cafetería maravillosa de Abiyán, pero también de una librería fantástica de Chicago. Este discurso, claro, tiene un componente de clase importante, puesto que no todo el mundo puede pertenecer a todas esas patrias maravillosas ni tiene el dinero para viajar y sentirse en casa en infinidad de lugares . Por eso, me quedo con lo del “barrionalismo”. No hace falta tener dinero para sentirte de tu barrio.

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Has comentado que tus raíces también están en Guinea Ecuatorial, ¿cómo te mantienes conectada a tus raíces y a tu familia en Guinea Ecuatorial?

Hace seis años me fui a vivir un año a Guinea. Antes de eso, ya había ido varias veces de vacaciones. Aunque les veo menos, por cuestiones obvias, mi relación con mi familia de allí es equiparable a la que tengo con la de aquí. Han ayudado mucho las redes sociales en que los lazos se mantengan y fortalezcan.

No obstante, más allá de haber pisado Guinea, he tratado de leer sobre el país y, siendo periodista, incluso entrevistar a personas de ahí.

Desde un punto de vista más prosaico, quizá, debo decir que todas las semanas como algo de ahí, buena parte de mis amistades son originarias del país y, por tanto, no me siento desconectada.

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Hablando de tu trayectoria profesional, ¿cuáles dirías que han sido los retos más grandes que has tenido que superar?

Aquí entran en juego muchos elementos. Comenzar a trabajar en medios de comunicación aquí es difícil, teniendo en cuenta que hay una cantidad ingente de personas que estudian cursos relacionados con este sector y que hay un nivel de intrusismo yo diría que muy superior al que se observa en otras profesiones. Siendo mujer negra, además, es fácil llegar a pensar que no es posible acceder, por la escasez de referentes que existen.

Sin embargo, no basta con entrar, hay que mantenerse y recordar el machismo que existe en este ámbito (en la tele, especialmente), donde cumplir años está penado, si se nota. En lugar de ser sinónimo de una mayor experiencia, a veces, se traduce en un “como tiene más arrugas ya no importa o no interesa”.

No debemos olvidar que dependemos de audiencias y eso implica que si un programa no funciona, independientemente de su calidad, te echan a la calle y tienes que volver a empezar. Hay personas que han pasado por hasta cuatro programas en un solo año. Esa inestabilidad está muy presente en la vida de los periodistas.

Por último, dentro de la propia profesión, creo que a quienes trabajamos haciendo imagen en televisión se nos infieren menos habilidades a la hora de escribir. Hay quien entiende que somos simples bustos parlantes que contamos con un equipo completo de guionistas que son quienes nos escriben nuestras preguntas o quienes buscan los temas que ejecutamos. Y nada más lejos de la realidad.

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¿Que consejo te hubiera gustado haber recibido mientras crecías en tu trayectoria personal y profesional?

En mi carrera profesional me hubiese gustado que me dijeran que no estudiara periodismo, que me matriculara en cualquier otra carrera en la que me enseñaran quizás más cosas porque la forma en la que, al menos en mi época, se enseñaba periodismo era muy poco práctica. Este es un oficio que se aprende en la calle, no leyendo. Podría haber estudiado cualquier otra carrera: derecho, sociología, turismo, etc… quizás me hubieran dado una base más interesante y completa y luego,  haber adquirido las destrezas necesarias para ejercer como periodista grabando, escribiendo o locutando…

Por otro lado, recomiendo que la gente aprenda la mayor cantidad de idiomas posible desde una edad temprana, porque cuanto más tarde empiezas, más difícil es. Y tal y como está la situación económica en España, por desgracia, muchas veces piensas en hablar bien idiomas para cuando salgas de aquí a buscarte la vida.

No me gusta dar consejos, no creo que esté yo en una posición como para darlos. He intentado ser feliz y en varias ocasiones, me he equivocado, pero la personas que soy ahora es producto de esas caídas.

"Es importante caer porque si no, no se aprende."

 

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