Padraig Belton   14 febrero 2018

Wedding in Nigeria

El amor habla su propio idioma, estés donde estés. Picture: Tom Miller / Flickr

En 2010, tras el terremoto de Haití, Nicole «Mac» McClelland, una escritora estadounidense que no habla francés, conoció a un apuesto pacificador francés de la ONU llamado Nico Ansel. 

Un año y medio más tarde, y después de una ruptura accidental —cuando Nico le dijo por error a Nicole después de una de las primeras citas que no quería volver a verla—, se casaron, gracias en gran parte a la ayuda de Google Translate. 

Con un smartphone, con una conexión a internet y con Google Translate, los viajeros, los empresarios y los recién llegados a un país extranjero pueden conectarse con otras personas, independientemente de su procedencia y del lugar donde se encuentren. 

En octubre pasado, Amanda Moore, de 10 años de edad, pasó una nota traducida por Google a un nuevo compañero de clase, Rafael Anaya. 

Rafael acababa de mudarse a California desde Michoacán en México y no hablaba inglés. 

La nota doblada decía: «¿Te gustaría sentarte conmigo hoy?». Su madre publicó en Facebook cómo ambos se habían conectado a pesar de no hablar el mismo idioma, y la publicación se volvió viral. Amanda y Rafael ahora son amigos.  

Google Translate y helado 

Algunas veces, estas son relaciones cortas. 

Durante las Olimpiadas de 2016 en Río de Janeiro, el ganador de la medalla de oro Usain Bolt acababa de celebrar su 30o cumpleaños, y utilizó Google Translate para conectar con Jady Duarte, una estudiante del lugar. Aunque fue una conexión efímera, a la novia de Bolt en Londres no le gustaron mucho las fotos de su encuentro que recorrieron internet.

Google Translate también puede ayudar a comenzar relaciones importantes.

Bea Longworth, de 36 años, trabaja para la empresa tecnológica NVIDIA y viaja con frecuencia desde su hogar en Oxfordshire (Reino Unido) hasta Múnich.  

Allí es donde vive su nuevo hijastro de habla alemana, y Google Translate les ayuda a construir su relación a pesar de la barrera lingüística. 

Sus abuelos canadienses, mientras tanto, combinan la tecnología con métodos más antiguos.  

Juntos pasearon por el Tierpark de Múnich —un zoológico de 99 acres— «con tan solo la ayuda de Google y unos helados de emergencia cuando la situación se ponía difícil», dice Bea.

Sea como sea que digas «bienvenido», el significado es el mismo. Imagen: Quinn Dombrowski / Flickr

Hebreo para las espinacas 

Steven, que estudia en Tel Aviv, decidió hacer la cena una noche para su nueva novia. 

Aún no había aprendido en sus lecciones de hebreo a identificar en los estantes de los supermercados los ingredientes escritos en caracteres no romanos para la lasaña de espinacas y ricotta, dice. 

Después de deambular por los pasillos en busca de espinacas, utilizó Google Translate. (Si alguna vez te encuentras en una situación similar, busca תרד).  

«Después tuvimos una experiencia similar con las nueces», dice. 

El esfuerzo valió la pena: ahora viven juntos y, Steven dice: «Estoy mejorando mi hebreo, especialmente en el ámbito de la comida». 

Y las relaciones que surgen gracias a Google Translate a veces conducen a bodas políglotas en las que se usa Google Translate. 

Andrew Johnston, un consultor financiero escocés y australiano, se casó con su pareja rusa Evgenia Kulagina, y escogieron Italia para celebrar la boda.

Andrew and Evgenia

La rusa Evgenia Kulagina se casó con su marido escocés y australiano Andrew Johnston en Italia. 

«Evgenia no tuvo problema alguno, pero los demás estábamos todos con Google Translate para comprender por lo menos un idioma», se ríe Laura Dance, invitada de boda. 

«Lost in Google Translation» 

Google Translate es excelente cuando funciona, pero puede dar lugar a grandes malentendidos interculturales, y no siempre son culpa de Google. 

Steven Levitt, autor de Freakonomics, viajó a Alemania en 2014. 

Levitt, profesor de economía de la Universidad de Chicago, quería ser amable con Hedwig, su anfitrión.  

Después de escribir lo que él pensaba que era un cumplido para su anfitrión, se quedó un poco perplejo cuando escuchó la traducción de Google Translate.                                                                                                       

«La traducción de Google Translate me pareció un poco extraña, pero de todas maneras el alemán a menudo me parece extraño», dice. 

Estuvo aún más desconcertado cuando Hedwig le contestó que lo que había dicho estaba tan lejos de ser alemán correcto que sería mejor que no lo volviera a decir. 

Resultó que le había pedido a Google que tradujera: «Lo he pasado muy ratones contigo». 

Y cuenta Jonathan Jewell, un educador londinense de 41 años, que «una chica española que me gustaba nunca volvió a hablarme después de traducir algo que quería decirle a través de [Google Translate]». 

Aunque admite: «Nunca sabré si algo se perdió en la traducción, o si la fidelidad de la traducción fue el problema».

Steven Levitt

El autor Steven Levitt pensó que elogiaba a su anfitrión durante las vacaciones, hasta que Google Translate reveló lo que realmente había dicho. 

Atrapado en una red neuronal 

La traducción por internet se ha extendido más allá de Google. Ahora es una función incorporada en WhatsApp, en la que el sudafricano Beyers Coedzee confía para comunicarse con su novia Vera Lamnci, una rusa de Nizhny Novgorod, aunque estén uno al lado del otro.  

Entretanto, Microsoft Translator ha añadido idiomas como querétaro otomí de México, hmong daw de Laos y klingon, muy útil si lo necesitas. 

Pero tener al alcance una traducción práctica y gratuita comenzó cuando Google Translate se lanzó al mercado en abril de 2006. 

Al principio, el software de traducción de Google utilizaba transcripciones multilingües de las Naciones Unidas y del Parlamento Europeo.  

Comparando los mismos textos en diferentes idiomas, la herramienta recopilaba datos estadísticos sobre cómo las palabras y frases correspondían en diferentes idiomas, un método llamado traducción automática estadística

Funciona mejor con idiomas cercanos lingüísticamente, como el español y el portugués, y con los que tiene una rica fuente de datos, como el inglés. 

Los usuarios frecuentes notaron una mejora repentina en las traducciones de Google en noviembre de 2016.  

La razón fue el desarrollo de una nueva tecnología llamada traducción automática neuronal

Las redes neuronales no están programadas para tareas particulares, sino que aprenden sobre la marcha sin supervisión. 

En lugar de estar configuradas con reglas lingüísticas, utilizan algoritmos para generar sus propias reglas.  

También se encargan de frases enteras a la vez, mientras que la traducción estadística utiliza palabras y frases como componentes. 

La traducción neuronal puede ponerse al día con un nuevo idioma en una semana, y comparada con la traducción basada en frases, reduce los errores en un 60 %, dicen los investigadores de Google en un artículo.

Aunque la traducción automática estadística ha existido por un tiempo, y se remonta a los esfuerzos realizados a finales de la década de 1980 y principios de la década de 1990 en el centro de investigación de IBM Thomas J. Watson, la traducción automática neuronal ha alcanzado la madurez solo en el último año. 

Y se está poniendo de moda. 

Facebook anunció en un blog recientemente que está pasando «del uso de modelos de traducción automática basados en frases al uso de una traducción basada en redes neuronales». 

Y una de las nuevas empresas neoyorquinas, Waverly Labs, ha financiado un dispositivo de traducción que utilizará la traducción neuronal.

translation earpiece

La empresa de Marion Guerriero tiene prev¡isto desarrollar un dispositivo de traducción intrauditivo, con el que se podrá escuchar la traducción en el oído.

El dispositivo, que ya ha vendido 5 millones de dólares en reservas de pedidos, envió su dispositivo piloto en diciembre. Viene con dos auriculares, uno para cada persona en una conversación, y están enlazados a un smartphone vía Bluetooth. 

«Se trata de un proceso en tres pasos: desde el reconocimiento del habla hasta la traducción automática y la síntesis de voz, y cada uno tiene sus desafíos», dice Marion Guerriero, vicepresidenta de Waverly Labs.

Comunicarse con personas con las que no se comparte un idioma común utilizando la tecnología ha sido durante mucho tiempo un elemento básico de la ciencia ficción. 

Star Trek cuenta con un Traductor Universal, que a diferencia de casi cualquier otra cosa en una nave espacial, nunca se rompe.

Arthur Dent en la Guía del autoestopista galáctico aprende a entender otras especies insertando en su oreja un pequeño pez Babel amarillo que según la Guía es «probablemente la cosa más extraña del Universo». 

En Doctor Who, es el circuito de traducción de la TARDIS el que se encarga del trabajo. 

Pero ahora, la traducción instantánea finalmente está saliendo de la ciencia ficción y entrando en la vida real, y está lista para romper más y más barreras lingüísticas. 

Se acabaron las frases sin sentido, a no ser que decir «pasarlo muy ratones con alguien» se haya hecho popular en Alemania.